“Maldito Placer” (microrrelato en serie)

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En el pueblo no me quieren. Lo único que puedo hacer es entregar mi cuerpo, mientras él se burla de mí.

A veces lo cruzo por la noche, cubriéndose la cara con su sombrero antiguo, como un fugitivo.

Quisiera acercarme, decirle algo. Pero después me arrepiento.

Podría mandarlo a la cárcel si quisiera. Pero él me arrastraría.

Mientras tanto, sigo paseando mi cuerpo por el pueblo.

Yo sé que el muere por estar conmigo, pero no pienso darle ni una milésima de mí.

Por Pam Valletta Escritora, 2017.

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“Maldito placer” (Microrrelato)

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¿Seguía enamorada de él?

Nos habíamos enfrentado cuerpo a cuerpo frente al río. Nos habíamos mirado de otra manera. Me había empujado al río.

Después de darme lo prohibido, lo que me hacía sentirme viva, me había arrojado al río.

Después de tenerme cautiva, atada a su pasión, me había tirado al vacío.

Después de acunarme con el calor de sus brazos, con el infierno de su cuerpo, me había estrellado contra una pared.

Después de enseñarme el frenesí, de ponerme al límite de la locura, me había incinerado.

Ahora soy yo quien va a empujarlo.

Por Pam Valletta Escritora, 2017

“Maldito placer” (Microrrelato)

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El frío me endurecía las facciones. Me paré cerca de la estación de servicio. Estaba escondido detrás de unos arbustos. Cuando me acerqué, arrojó el cigarrillo y se corrió el sombrero para descubrir su cara.

– Creí que no volvería verte.

– Yo vivo en este pueblo. ¿A dónde querés que vaya?

Vi sus manos manchadas de sangre.

– ¿Qué pasa? ¿Estás arrepentida?

– Tengo miedo.

Su casa estaba lejos, lo suficiente como para sentirme libre. Pasar la tarde con él era un loco secreto que disfrutaba sin culpa. Él me mostraba cosas que nunca antes había visto. Me hechizaba en su cama, con el roce de su pasión. Me hacía sentir una mujer de verdad. Cuando mi novio nos descubrió, mi desenfrenada libertad se desmoronó. Y me convertí en una demente.

– ¿Estás arrepentida?

– Yo no hice nada.

– Vos me mandaste. Querías librarte de él.

– ¡Pero yo no lo maté!

El hombre que me había hecho conocer el fuego se alejaba de mí. El hombre que había sido el amor y la pasión me miraba de otra manera. Entre nosotros ya no habría besos. Ya no habría caricias ni tardes de placer. Ahora nos gritábamos y tironeábamos sin oírnos. Ya no nos reconocíamos.

Y cuando me empujó brutalmente al río, sus ojos destilaban una expresión de maldito placer.

Por Pamela Valletta, 2017

“Sabrina”

[La joven se vio envuelta en una extraña situación provocada por las sucias intenciones Mariano y los celos de Facundo]

¿Qué sucede al final? ¡No dejen de leerlo!

….Sabrina temblaba en un rincón. Transformado por la ira, Facundo agarró al chico de un brazo y lo arrastró por toda la casa.

– ¡Andate antes de que llame a la policía! – exclamó arrojándolo a la calle.

Resoplando, cerró la puerta. Caminó hasta la cocina, con pasos lentos, tratando de volver en sí.

– ¿Hay alguna manera de arreglar esto? – preguntó Sabrina con los ojos enrojecidos.

Sin mirarla, misterioso, Facundo le dijo que sí, que esa misma noche lo “resolverían”.

**Fin**

Por Pamela Valletta

Aclaración: las fotos (que muestran personas) que aquí publico, no son de mi autoría.10352138_850249388343323_705571313659057129_n

Sabrina

[Sabrina ha dejado entrar en la casa a Mariano, y ahora éste la va a meter en serios problemas]

– ¿Dónde guarda la plata?

Mariano empezó a revisar los cajones del escritorio. Un ruido de llaves retumbó en la casa, subiendo por la escalera, hasta llegar a las habitaciones. Sabrina le dijo que se fuera, que era una locura lo que estaba haciendo, pero el muchacho continuaba metiendo sus manos en el interminable papelerío.

– ¿Qué es esto…?

El dueño de la casa observó al muchacho, los cajones abiertos de su escritorio y la pollera corta de la chica.

– ¡Fue ella!

– ¿Qué estaban haciendo en mi escritorio?

– ¡Ella me dejó pasar… y después me hizo enloquecer!

Sabrina temblaba en un rincón.

*Continuará…*

By Pame

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Sabrina

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Sabrina bajó las escaleras. Cuando llegó a la cocina, Facundo estaba ojeando el diario.

– ¿Qué van a hacer hoy?

La chica, con el camisón corto, se sentía incómoda.

– No sé… tal vez vayamos al cine.

Facundo cerró repentinamente el diario:

– Yo las llevo.

Sabrina reflexionaba. El acercamiento de Facundo. El costoso obsequio. Los muchachos. Sabrina escuchó que alguien llamaba a la puerta.

– ¿Está tu amiga?

Era Mariano. Alisándose la pollera, la joven le contó que Magalí había salido.

– Uf, tengo tanto calor… ¿Tendrías algo para tomar?

Aunque no estaba segura, Sabrina lo dejó entrar.

– Guau…Qué casa… Este tipo tiene mucho dinero, ¿no?

Mariano observaba cada mueble, cada artefacto. En la cocina, abrió la heladera como si estuviera en su propia casa.

– ¿Dónde tiene la plata?

– ¿De qué hablás?

[Continuará]

Por Pamela Valletta

Sabrina

Facundo empujó suavemente la puerta de la habitación.

– Magalí está en el altillo.

Él, cerrando la puerta, dijo que no venía por su sobrina. Confundida, Sabrina dejó el maquillaje. Facundo le entregó una bolsita de terciopelo y le pidió que no tenga miedo. Sabrina no entendía. Miró dentro. Un collar con piedras azules. Sabrina estaba más que sorprendida. El tío de su amiga no podía regalarle eso. Pero él insistió: quería vérselo puesto.

***

– ¿Quién es el hombre que está con ustedes? – preguntó Mariano.

– Es el tío de mi amiga… ¿Cuándo lo viste?

El muchacho se giró para ver a su amigo y Magalí, que caminaban unos pasos detrás de ellos.

– Estaba asomado a una ventana.

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Por Pamela Valletta