Queridos amigos (17)

Aún estaba temblando por los nervios, el shock, el no entender. Me recosté en la cama, ella ya se había ido. Apreté la sábana. No había pasado nada, apenas un beso.

Hundí mi cara en la almohada. Mis sueños, mi proyecto, todo se esfumaba así, de un plumazo, ahora por culpa de los celos e inseguridad de uno de mis “amigos”. A todos ellos los había percibido como personas importantes, decididas, pero al final habían resultado más inestables y torpes que adolescentes.

Mi ánimo se iba a pique. Era de noche. No importaba. Necesitaba caminar, perderme, no pensar. Me abrigué y salí.

La gente iba y venía, pero estaban acompañados. Yo estaba solo, completamente solo. Solo y roto. No sabía si aún había una posibilidad de salvar al grupo, de rescatar nuestro proyecto. Hay momentos en la vida en que sólo te preguntás: ¿Por qué?

Cuando regresé a mi casa, noté que tenía mensajes en el teléfono pero no quise leerlos.

Me acosté en la cama. Cerré los ojos y ya no sentí más nada.

By Pame

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