Encuentros del pasado (9)

 

Lorena danzaba su propio baile de amor y locura. Había conocido a un Fernando inspirado, generoso, extremadamente seductor, que le había mostrado sus joyas automovilísticas.  Su ánimo llegaba al punto más alto, de donde no quería ni podía bajar. Era “el efecto Fernando”, que la había dejado profundamente extasiada. “Después nos vemos”, le dijo en la escalera soltándole la mano. A ella, embriagada de placer, le costó despegarse. Su ropa interior no había sido la mejor, pero qué importaba, si él se la había quitado sin vacilar. Ahora se imaginaba en la habitación de Fernando, disfrutando bajo las sábanas de seda, sofocándose con el calor de sus cuerpos. Quería estar en su habitación, ser parte de su vida. Recordó sus ojos azules, cambiando de intensidad. Había pasado un momento sublime, que la hacía vivir su propia película de amor y desenfreno.

Antonio estaba sentado en la cama, rígido como una estatua. No quería mirarla, ni ver su estúpida expresión de enamorada. Noelia y Sofía, ajenas a todo, recién despertaban. “No es para tanto”, se disculpó Lorena por el plantón. ¿Tendría fiebre? Sí, la fiebre del amor, del deseo. Se miraba en el espejo e inventaba caras. Haber estado con Fernando era una extraña mezcla de amor y locura. Noelia, sentándose en la cama, la examinó. Lorena, mirándose las uñas pintadas de rojo, le aseguró que ya se enteraría. Sofía, asomando su cara entre las frazadas, inquirió:

– ¿Por qué tan contenta?

Lorena dijo que era “un secretito” y continuó viajando en su órbita de locura. Antonio notó que tenía el pantalón manchado. Por un segundo y contra su voluntad, la imaginó teniendo sexo con Fernando.

– ¿Por qué no te das un baño?

Lorena echó a reírse. Y protestó, diciendo que la dejara disfrutar, que tenía derecho a sentirse así después de haber estado con alguien muy especial. Antonio no vaciló en arrastrarla hasta el baño.

– ¡Basta! – gritó ella con la ropa mojada y el cabello pegado a la cara.

Antonio le arrojó una toalla con brusquedad.

– ¿Te volviste loco?

*******

El viento soplaba con intensidad, recorriendo cada espacio, cada rincón, metiéndose entre las ramas de los árboles, sacudiéndolas. Antonio la tomó de un brazo y la trajo hacia sí. De repente sus caras estaban muy cerca. Ella, confundida, no quería mirarlo, pero él la tomaba del mentón, exigiéndole sus ojos. Después sintió unas manos que bajaban por sus brazos llegando hasta la cintura. Fernando le decía que la necesitaba. Antonio la tomó de la cara y le dijo que debía mirarlo.

Lorena sacudió la cabeza. Eran más de las tres de la mañana. Se rascó la cabeza. Ese sueño había sido muy extraño.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: