Encuentros del pasado (7)

Lorena llegó al último piso del hotel. Caminó hasta el final. Era excitante esa recorrida mientras pensaba cómo iba a comportarse de ahora en adelante. Cuando pasó delante del incinerador escuchó el correr de una canilla abierta. El piso estaba lleno de agua. Sus zapatillas se sumergieron. Al cerrar la canilla vio una pequeña ventana que le llamó la atención. Limpió con el puño el vidrio cubierto de polvo y acercó la cara. Podía divisar un baño. También una figura, aunque no podía distinguirla con claridad porque había vapor. Acercó más la cara al vidrio. Era Fernando. Se miraba en el espejo, buscaba algo en un mueble. Lorena estaba fascinada con lo que veía. Después Fernando se quitó la remera, dejando al descubierto su torso. La joven temía a que alguien la viera, pero al mismo tiempo quería quedarse. Fernando reguló el agua, después buscó una toalla. Se quitó el pantalón. Lorena sintió que su teléfono vibraba. “Me dijeron que hay una iglesia muy linda. ¿Vamos?”, le había escrito Antonio. Lorena guardó el celular, estaba muy perturbada. Fernando estaba cómodamente acostado en el jacuzzi, con el cabello mojado. Ella hubiera querido arrancar esa ventana y entrar en el baño como el hombre araña. Pero volvió al mensaje de Antonio. No sabía qué hacer. Se acercó a la ventana: el vapor había trepado a la ventana y ya no podía divisar la figura de Fernando.

Lorena no podía dejar de pensar en Fernando. Se arrodilló frente a una figura religiosa, juntado las manos, tratando de concentrarse en el rezo. Su amigo la veía resplandeciente, luminosa como un ángel. Un sacerdote, desde el confesionario, alzó la mano para saludarlos. Lorena escondió la cara, temiendo que el religioso supiera lo que ella tenía en su mente.

De regreso al hotel, miraba una estampita que le habían dado en la puerta de la iglesia.

– ¿Cómo andás?

Esa voz le provocó un cosquilleo en el cuerpo. Guardó la estampilla y se dio vuelta, tratando de disimular el encantamiento.

– Estoy muy bien.

Fernando sonrió. Su perfume estaba nuevamente en el aire.

– Tengo un par de autos colección… Quiero que los veas – dijo sacando una llave del pantalón.

 

 

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