“Sabrina”

 

La chica hacía zapping arrojada sobre el cómodo sofá. La amiga, tras chequear insistentemente su teléfono, se puso de pie:

– Voy a tomar un poco de aire.

Magalí se asomó a la puerta; su amiga, sentada en la escalinata de piedra, había encendido un cigarrillo. Sin nada interesante que hacer, sus miradas no hacían más que devolverse hastío. Hasta que un auto estacionó delante de la casa. Sabrina, dejando el cigarrillo, se arregló el cabello. Mientras descargaba unas compras del baúl, Facundo dijo que había comprado helado, en aquella heladería que tanto les gustaba. Magalí entró en la casa detrás de su tío, contándole que había tenido problemas para llenar la pileta; la amiga se quedó en la puerta, sintiendo el aroma de los jazmines.

– ¿Sabrina?

 

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La chica volvió a conectar. Dos muchachos le sonreían amablemente.

– ¿Qué hacés por acá?

– Estoy pasando unos días con una amiga.

– ¿En serio…? Nosotros estamos parando a tres cuadras.

Sabrina estaba entusiasmada.

Más tarde, Facundo -el tío de su amiga- tocaba la puerta de su habitación…

 

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