Amor siniestro (3)

 

para-hist

 

Lo encontró detrás de un viejo armario. Con la linterna, le alumbró la cara. Le tocó la cara blanca, la boca roja. Desde que Daniel había encontrado a aquella cosa, ya no la miraba como antes, ni le hacía regalos. Observó el vestido. Se lo tironeó. Le quitó bruscamente el pañuelo que tenía en la cabeza. Elena sentía placer y no se avergonzaba de ello.

Cuando estaba por arrancarle el vestido, las velas se apagaron de golpe, quedando encendida únicamente la de color negro. Flor -el maniquí- empezó a tambalearse hasta caer sobre ella. Elena entró en pánico. Inútilmente trató de sacárselo de encima, pues lo único que logró fue tirar cajas de películas y también la vela negra que, tras tambalearse diabólicamente durante unos segundos, lanzó su fuego sobre una pila de bolsas de nylon. La sala se iluminó con las luces de un fuego infernal. Más tarde, la sirena de los bomberos se mezclaba con las voces de los vecinos que se agolpaban delante del videoclub. Las llamas de la sorpresiva hoguera devoraban a Elena mientras el maniquí se derretía; la boca roja se deshacía sobre la cara horrorizada.

Daniel se cubrió la cara. Ese fuego le había arrebatado a su amor.

 

Por Pamela Valletta

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